¿Alguna vez el lector se ha preguntado cual es el origen de estas ronchas labiales que salen regularmente a algunas personas? El nombre común de la molestia es “Herpes”, y la provoca un agente infeccioso llamado herpes virus, nombre que hace alusión a su facilidad de contagio, transmisión y recurrencia.

Dentro de los herpes virus existen dos diferentes, pero igualmente “incómodas” variedades, ambas  causantes de las  infecciones sin manifestaciones clínicas que permanecen en estado de latencia dando lugar a posteriores infecciones recurrentes. El herpesvirus simple tipo HV1 provoca famosas llaguitas  en los labios l y el HV2 afecta al área genital, y es una enfermedad de transmisón sexual. Las dos variedades se caracterizan por ser susceptibles al calor, éter, alcohol, antisépticos y a las radiaciones ultravioletas, pero una vez se cogidas no existe tratamiento eficaz, ni siquiera las famosas pomaditas de los anuncios funcionan bien, ya que sólo son capaces de parar al virus en la etapa más temprana de la infección, que por desgracia es asintomática

¿Como se las arregla el pequeño cabroncete? Eso es: un pequeño pero muy listo cabroncete. Se trata de partículas de 100 nm (10⁻7 m) que encierran ADN de doble cadena. Eso es importante, al ser en ADn bicatenario, o sea como el ADN de la célula, no se percibe como extraño (hay virus de ARN y ADN de simple cadena). Además son más independientes que la mayoría de los virus porque son capaces de producir factores propios de replicación(multiplicación de ADN), mientras existen muchos virus, que deben robar a la célula practicamente todo, esto permite que la célula sigue funcionando a pleno rendimiento, y no se ve perjudiada por la presencia del virus, con lo cual seguirá devidiendose, originando muchas células infectadas.

Por otra parte los herpes virus son capaces de colonizar dos tipos de tejidos diferentes: uno es el epitelio, cuyas células se caracterizan por una rápida división, lo que al virus le viene de perlas para reproducirse, además por ahí es más fácil infectar otras personas, el otro es el tejido nervioso, que le sirven al virus de escondite de las células inmunitarias. Luego, se puede distinguir dos fases de vida del herpes:

Una de ellas es la infección activa, o sea el virus entra en contacto con la superficie de las células epiteliales, sus envueltas se fusionan con dicha superficie, y el material genético se libera dentro de la célula, empieza entonces la orgía vírica, que dura entre 2 y 12 días. Al final las células son reventadas por las múltiples partículas de la progenie viral, dejando el aspecto desagradable al lugar de la infección. Pero en algunas ocaciones, el virus prefiere no hacer nada, quizás cuando nota que el sistema inmune del huésped está bien fuerte, por la existencia de alguna otra infección. Entonces en lugar de replicarse y matar células, busca sitio donde esconderse y esperar tiempos mejores. Esto ocurre generalmente en la primera infección durante la infancia.  Estos virus viajan  desde el epitelio por las terminales nerviosas y terminan alojándose  en los ganglios (trigémino principalmente) y se mantienen en latencia, reactivándose por factore ambientales como infecciones febriles, traumatismos,
radiaciones solares o UV, modificaciones hormonales y shocks emocionales, cuando el sistema inmune está debilitado o demasiado ocupado. El HV2 suele alojarse en los ganglios sacros y lumbares.

Y como a los seres humanos nos gusta observar y conocer e investigar, y el contagio del herpes es fácil y frecuente, y provoca signos bien feos de la enfermedad, ¿que mejor que conocerlo un poco? Las extrañas recaídas en la enfermedad respectaron una mayor espectación de los científicos. De ahí las investigaciones acerca de la latencia.

Las primeras investigaciones sobre la latencia se han hecho por el año 1977  y han demostrado que el virus se mantenía en el organismo una vez pasada la enfermedad de forma latente y volvía a aparecer cuando el sistema inmune estaba debilitado. En los estudios se infectaron los animales y  humanos con el virus y se fue comprobando el paso de la enfermedad a las distintas temperaturas corporales.  Se vio  que en un organismo condicionado ante estrés, el virus es capaz de reaparecer con un rápido incremento de partículas víricas , mientras que si el organismo se encuentra en un estado respuesta inmune alta, como en este caso la respuesta febril, la cantidad disminuye gracias al sistema de alerta de las defensas del propio organismo frente a la infección. Esto  demostraba  que una mínima respuesta de defensas inhibe la replicación del virus, disminuyendo la cantidad y la capacidad de  infección. Tras doce días se le añadió medicación de inhibición del sistema inmune y la temperatura del organismo comenzó a aumentar y con ello la reaparición del virus, verificándose que los síntomas de enfermedad cesaban por la entrada del virus en latencia frente al sistema inmune, y no por la eliminación completa del virus.

De ahí, es que si no quieres que te salga, mantén bien tus defnsas, algo harto de complicado, ya que la inmunidad humana depende de muchos factores, uno muy importante es el estrés, que como sabemos empíricamente, es   difícil de evitar, sobre todo en los tiempos que corren.

 

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